c’est une merde

Qué gran cagada conocer gente que no sabe lo que quiere.

Esa gente que no sabe lo que quiere y va por la vida sin tomar una puta decisión, es una de las plagas silenciosas más dañinas que tiene la sociedad.

Dañan inclusive sin saberlo. Sin reconocerse a sí mismos como personas potencialmente tóxicas… Van por la vida metiéndose con gente, vendiendo su mejor versión, para después, detectar que están sintiendo algo de lo que van a tener que hacerse cargo, y borrarse de la faz de nuestro territorio.

Qué peligro esta especie… Sobre todo porque te toma desprevenido. No esperas que ese dulce ser que conociste hace unos meses, que alentaba a verse, que fomentaba la relación y quería saber de vos, de repente va a decidir que estan yendo muy rápido.

¡Maldito ser infernal!

Fue esa persona la que puso quinta a fondo y ahora se tira de un auto en movimiento a 300km/hs haciendo trompos porque puso el freno de mano.
Virtualmente vos, sentís que no estás en peligro, pero lamento decirte que sí estas en problemas… Porque ya te habías enganchado.

Oh… El enamoramiento y su engañosa forma de hacernos ver cosas maravillosas donde NO LAS HAY.

Insane

Fue entonces que descubrí que no lo había superado.

Al instante de haber visto eso, mí corazón empezó a latir fuerte y rápido. Cómo si existiese una urgencia, cómo si tuviese la necesidad de salir corriendo. A ningún lado…

Todo lo que pensé que había dejado atrás, era simplemente una sensación. Si la vida volvía a cruzarnos se me iba a mover el piso de nuevo.

Lo más curioso es que entre él y yo, jamás pasó nada. Solo yo me enamoré.

O fue apego?

El Príncipe Maldito

Después de casi 3 años… Hablé.

Ayer conté, casi sin querer, casi sin ser consciente de lo que decía; lo violento que fue.

Tal y como lo había anticipado mí terapeuta, igual que Clara de La Casa de Los Espíritus, hice silencio. Decidí enmudecer esa parte de mi alma, ese apartado de mi memoria quedó en stand by hasta ayer.

No sé cuál fue el detonante, pero las palabras salieron, casi resbalando de mis labios. Y me sorprendí, al escucharme, y darme cuenta de la forma tan inocente que puede tener un ser humano para denigrar a otro. Para destrozarle el ego, para pisotear su autoestima, para alejarlo de todo lo bueno y así, manipularlo.

Me dio lástima por mi misma, recordarme llorando, sola. Siempre sola. Me dio pena recordarme pidiendo que compartiera conmigo un pedacito de su vida, esperando que me tuviese en cuenta, que me dijera que estaba linda, que me acompañara, que me quisiera.

Me dolió en lo más profundo del ser, recordar las palabras que lanzaba como látigo cuando quería humillarme, y qué efecto tenían…

La palabra fue su arma más letal. Su palabra y su silencio… La combinación mortal, la que solo un enfermo como él, podía usar para hacer daño.

La musa

Hay noches en que la musa, desaparece.

Se pierde admirando el reflejo de la luna en cualquier charco.

La musa se distrae, se va mirando las gotas de lluvia caer y fundirse en la mugre.

Hay noches en que la musa está ausente; dibujando en el aire, con brillos y colores.

La musa ausente, está pero no está. Se ve, pero no dice nada, como un decorado más, invisible al pasar.

La musa a veces no quiere inspirar. Solo sirve de espejo, indica dónde limpiar.

La musa a veces no es musa. Es simplemente, un ser humano más.

Y sintió que siguió

Se dio cuenta que le gustaba su forma gentil de ser.

Qué disfrutaba de la comodidad de estar juntos.

Le gustó descubrir que su cuerpo tenía un ritmo divertido al bailar.

Le impactó la manera que se compenetraba con la vida de su personaje al actuar.

Y la sensación que tenía cuando lo escuchaba cantar era rara… Pero era real.

Y aceptó que quizás era su compañía la que le agradaba. Se encontró queriéndolo un poco, con miedo.

Sintió las ganas de volver a verlo muy dentro de su pecho y se lo dijo. Insistió.

Sintió que podía surgir algo lindo, que sin embargo murió antes de nacer por las fuerzas oscuras del desamor.

El hombre lobo

Ese hombre es magia.

Cerca suyo la vida parece tener un ritmo diferente, algo misterioso, como si no existiesen límites para soñar.

Ese halo que lo rodea, me hace recordar a la luna, brillante y majestuosa, a lo lejos.

Siempre a lo lejos, como él.

Cada vez que nos vemos, me despido con ese amargo sabor de que podría ser la última vez que nos vemos.

Y esas ganas de más, siempre me quedan.

Esa cosa de niño grande que tiene con sus reacciones ante lo cotidiano, son lo que más me cautiva.

Su mirada transparente, tan directa, tan tranquila que hasta llega a ser enigmática, no me la puedo olvidar.

A veces cuando me mira siento que puede ver mi alma, que conoce mis miedos y me acompaña cuando sin que lo espere, me abraza.

Es un hombre que tiene contenido. Con sus historias te puede llevar desde lo más terrenal, al contacto con los espíritus.

Te envuelve con su dulzura y después, se va.

Mi enfermedad

Corría febrero de 2019, el mes de los enamorados. Todo iba saliendo de acuerdo a lo que los preceptos de la sociedad mandaban, todo legal. De ninguna manera hubiese podido preveer que esto iba a ocurrir.

Pero cuando cambié de trabajo, empezó. Los síntomas aparecieron de a poco. Recuerdo que me levanté un día y noté que lo que antes veía claro, estaba difuso; como si una manta de niebla lo cubriera. No presté mucha atención, tenía cosas más importantes para preocuparme, como que la UBA no me hiciera perder el cuatrimestre o que el alquiler no me aumentará más de un 35% anual.

Seguí viviendo como si nada, hasta que volvió a ocurrir. El síntoma se hizo notar otra vez. Ahora volviendo del trabajo… De nuevo la niebla. La sensación de estar deambulando sin sentido, como si por una fracción de segundo hubiese perdido la memoria de por qué estaba encerrada de 9 a 18hs de lunes a viernes frente a una pantalla con varias hojas de cálculo abiertas, o por qué estaba dispuesta a resignar tantos años mis gustos por conseguir el título universitario.

Esta nueva manifestación del síntoma fue más notoria, pude sentir cómo la angustia me oprimía por no poder encontrar una respuesta que me conforme.

Recuerdo que ese día, a pesar de haberme sentido mal, decidí no darle importancia a la situación. Pensé que con una dosis de descanso las cosas volverían a su curso normal. Entonces, se me ocurrió reunirme con una de mis mejores amigas y uno de mis mejores amigos. Fue de esos reencuentros en que hablás de las cosas que con las demás personas, las del día a día, no tenes la confianza suficiente como para charlar. Tocamos tántos temas profundos que para el final del fin de semana, sentía que estaba a 10metros bajo el mar. La presión me estaba matando, sentía dolor, me costaba respirar, no podía callar las voces en mi cabeza que preguntaban ¿¡QUÉ ESTAS HACIENDO!? ¿¡PARA QUÉ!?

Lo único que quería era llegar a mi casa y estar en silencio. Poder entender qué estaba pasando. No podía seguir ignorando los síntomas, necesitaba un diagnóstico, saber cómo curarme.

Esa tarde, sentí tanta angustia que no podía ni siquiera llorar. Pensé en cómo empezó todo, en por qué había terminado viviendo en, literalmente, un cubículo 4 paredes, en una ciudad de locos, trabajando más tiempo del que tengo libre y sufriendo por las fluctuaciones de la inestable moneda nacional. Quería saber cómo era posible que tanta preocupación se haya acumulado sin que me diese yo cuenta, y sin saber para qué existían esos sentimientos en mí.

Acostumbrada a tratar las dolencias físicas automedicandome, quise encontrar el mismo camino para este síntoma que se presentaban cada vez más seguido en mí. Pero no encontré la manera análoga de calmar los cuestionamientos que mí propia cabeza me hacía. Era la manifestación mental de un cáncer, mi propia mente, mis propios pensamientos, mí propio cuerpo volviendose en mí contra. Era IN TO LE RA BLE!

No me quedaba alternativa más que aceptar que me estaba pasando algo, que estaba cuestionando el camino que hace 4 años había empezado y que con tanto esfuerzo fui forjando. No me podía seguir “haciendo la boluda”, nada de lo que cuando era chica quería, hoy tenía sentido. Ninguna de las pretensiones que tenía hacía 5 meses eran las mismas, la iluminación mental que estaba atravesando era ineludible.

El permitirme aceptar que eso estaba pasando, me hacía temblar. Me daba pánico pensar que había tomado el camino equivocado, me dolía cada año que pasó sin haberme dado cuenta. Llegué a pensar que no iba a ser feliz nunca más, por haberme equivocado. Trataba de buscar una forma, de darle una vuelta al seguir, sabiendo que nada que ver tiene el estilo de vida que estoy construyendo, con lo que quiero para el resto de mis años habitando este mundo extraño, este universo maravilloso.

Los días eran un tormento, mi humor y alegría característicos no se veían reflejados en ninguna célula de mi amado cuerpo; más bien mis rasgos se habian transformado en los de una persona amargada. Transitaba la vida tratando de eludir mi realidad, flotando sobre un ideal de éxito que no se sentía exitoso en lo más mínimo.

Y lloré… Por fin lloré. Y las lágrimas, tal como la lluvia arrastraron todos mis dolores. Se llevaron ese pinchazo constante en el corazón que sentía desde que me di cuenta que me había fallado, desde que me di cuenta que no había sido capaz de escucharme, de ser consciente de mi propio deseo. Qué no había hecho nada de lo que toda la vida pregoné. El temporal duró lo que duran las flores de una orquídea, pero fue intenso. Y cuando por fin logré recomponerme, había entendido que aceptar lo que pasó, era lo primero que tenía que hacer.

Y fue recién ahí que haber “perdido el cuatrimestre” por los tiempos mal acomodados de la facultad dejó de ser trágico y se convirtió en una oportunidad para darme por fin un descanso de miles de horas cursando materias que están de adorno en un plan de estudio que no se adapta a las necesidades del mercado laboral, y empecé a verlo como la chance de hacer lo que me gusta después de casi 10 años de resignarme a hacer “lo que tengo” que hacer.

Y fue ahí que entendí que podía planear algo distinto a lo que venía planeando, y que no era tarde, que aún podía sanarme. Que era el momento de deconstruir todo lo que desde que nací me inculcaron. Que en realidad este cuatrimestre “perdido” era una maravillosa oportunidad de re encontrarme con mí espíritu y estabilizar la química estresada de mi cuerpo, de mí santuario. Que era la oportunidad de aprender a meditar, de volver a conectarme con mi lado artístico y creativo. Que era el momento de ser feliz y estar en paz.

Fugaz recuerdo de amor.

Y hoy, lo recordé mientras veía la lluvia caer desde la ventana del colectivo. Fue hermoso.

Fue uno de esos recuerdos que reviven sin previo aviso y sin razón lógica, pero lindos.

Esos recuerdos que te traen el aroma, los colores, las luces y las sensaciones de aquel momento.

Y recordé que ese día, nos agarro la lluvia saliendo del bar donde almorzamos. Me quedé parada unos segundos dudando antes de lanzarme de lleno al agua sin paraguas, hasta que lo hice. Cuando miré atrás para ver cómo venía él, me sorprendí al ver que caminaba despacito, con una leve sonrisa, las manos en los bolsillos y mirando un poquito hacia arriba. Disfrutaba la lluvia.

Y me dijo: “Me gusta la lluvia, no me molesta mojarme. Prefiero ir sin paraguas.”

Cuando el lobo fotografió la luna

Esa noche intentó verse más linda; quería causar una impresión en él después de tanto tiempo. Quería gustarle.

Él, esa noche, también estaba más lindo. El re encuentro fue ameno, como siempre que quedaban.

La cena transcurrió cómodamente, como si se conocieran de antes. Caminaron a la vera del río, viendo la luna reflejar su eterna luz, abrazados.

Ella se sintió bien. Hacía ya un tiempo no hacía eso con nadie, hacía rato no dejaba a su corazón abrirse con alguien que pudiese también sentir algo por ella. Ella para sus adentros murmuraba, “qué lindo volver a sentirse así.”

Él, le tomó una foto con la luna de fondo. Foto que eternizaria ese momento, y que ella jamás vería.

Se besaron en la costa, con la luna de testigo, como dos adolescentes. Fue un beso calmo, un beso dulce. Ella se sintió segura, después de tanto tiempo.

Ya en casa de él, escucharon música. Ella pensó que era una suerte que compartieran algunos gustos musicales. Se rieron juntos, cantaron, conversaron sobre experiencias random vividas. También bailaron, juntos y por separado. Estaban disfrutándose, disfrutando la compañía del otro.

Cuando el alcohol había hecho de las suyas, ya sentados en el sillón escuchando una de las arias más melancólicas, él apoyó su cabeza contra el hombro… Y ella, no supo qué hacer. Pero supo que se sentía bien, se quedó inmóvil, para que ese momento no terminara.

Fue en ese instante que ella supo que iba a ser más difícil, si no lo volvía a ver.

COSAS QUE NO ME GUSTAN / ME PONEN TRISTE

El amor, cuando no es correspondido.

Los individuos que hablan fuerte.

Ver tristeza reflejada en los rostros.

La gente que descaradamente miente para sacar provecho de una situación.

Cuando el colectivo no para y lo estaba esperando.

El miedo que siento al caminar sola a la noche.

Cortar la virulana por la mitad, con las manos.

La gente que fuma en espacios cerrados.

Las viejas maleducadas.

Las inmobiliarias negreras que no permiten transferencias.

Cualquier inmobiliaria.

Que me traten mal, que me digan las cosas de mala manera. Sin amor.

Los que suben al subte hackeando el molinete y no pagan.

Tener que adivinar lo que quiere o pretende otra persona.

Que mí salario sea de subsistencia.

Que me tengan envidia. De alguna manera cósmica, me hace sentir descompuesta.

Qué en el tren pase un vendedor atrás de otro, a los gritos, impidiendo a los pasajeros disfrutar del silencio.

Que no todas las estaciones de subte tengan en la pantalla el tiempo que va a tardar el próximo tren.

La gente que en vez de pedirte permiso, te empuja y te choca.

Las mentiras. Todos debemos conocer la realidad para decidir.

El frío húmedo.

Los mensajes dejados a propósito en visto en medio de una conversación. Tanto enviados como recibidos.

La gente que de entrada es confianzuda.

El olor de los que no se bañan.

El palo santo.

Las formas modernas de relacionarse con gente, donde nunca sabés si podés darlo todo y esperar más o es solo perder el tiempo.

La estrategia de venta: “Podría estar robando pero estoy acá vendiendote esta porquería y creo que diciéndote esto te doy más ganas de comprar.” MIEDO ME DAS. ME SIENTO AMENAZADA.

Cómo se siente la celulitis en la piel.

Las fotos de animales muertos y destrozados.

Las fotos de accidentes de tránsito, o violencia.

La mirada de asco constante de algunas féminas en los salones de belleza.

El vacío en cualquiera de sus formas de cocción. Es pura grasa. Está en mi top 3 de comidas desagradables.

Levantarme temprano.

El olor a las cañerías de cocina.

Tener el intenso deseo de hablar o volver a ver a alguien pero tener que contenerlo para no perder la dignidad.

Que se aprovechen de mi nobleza.